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Intimidación

Generalidades del tema

¿Qué es la intimidación?

La intimidación ("bullying") es una manera de actuar que atemoriza o hace daño a otra persona. Por lo general, los niños intimidan a una persona más débil o más sola, y repiten las acciones una y otra vez. La intimidación empieza en la escuela primaria y se vuelve más común en los primeros años de la escuela secundaria ("middle school"). En los últimos años de la escuela secundaria, es menos común, pero aún sucede.

La intimidación puede adoptar muchas formas, como:

  • Daño físico, como golpear, empujar o hacer zancadillas.
  • Daño emocional, como burlarse de la manera de actuar o hablar de un niño, o de su aspecto. Escribir comentarios maliciosos acerca de una persona en mensajes de correo electrónico o "blogs" también es intimidación.

Las niñas que intimidan tienen más probabilidades de hacerlo de maneras emocionales. Los varones que intimidan suelen hacerlo de manera tanto física como emocional. Por ejemplo:

  • Una niña podría formar un grupo y excluir a otra niña o contar chismes acerca de ella.
  • Un varón podría empujar a otro varón e insultarlo.

Tanto los varones como las niñas participan en lo que se conoce como "ciberintimidación". Esta palabra se refiere al uso de dispositivos de alta tecnología para propagar rumores o para enviar recados o imágenes hirientes. La intimidación emocional no deja moretones, pero el daño no deja de ser real.

Si usted cree que su hijo está siendo intimidado en la escuela —o que está intimidando a otro niño— adopte medidas para detener el maltrato.

¿Por qué es importante detener la intimidación?

La intimidación es un problema grave para todos los niños involucrados. Los niños que son intimidados tienen más probabilidades de sentirse mal consigo mismos y estar deprimidos. Podrían tener miedo de ir a la escuela o perder interés en hacerlo. A veces, toman medidas extremas, que pueden provocar resultados trágicos. Podrían portar armas, usar la violencia para vengarse o intentar hacerse daño a sí mismos.

Los niños que intimidan a otros tienen más probabilidades de abandonar la escuela, tener problemas con las drogas y el alcohol y violar la ley.

¿Cuáles son las características de los niños que intimidan?

Los niños que intimidan a menudo son fuertes físicamente. Es posible que intimiden a otros niños debido a que les gusta la sensación de poder. Es posible que sean niños que hacen cosas sin pensar y que no sigan las reglas. Estos varones y niñas no han aprendido a pensar acerca de los sentimientos de otras personas.

Los niños que intimidan físicamente a otros a veces provienen de hogares en los que los adultos pelean o se hacen daño. Es posible que se metan con otros niños debido a que ellos mismos han sido intimidados.

Los niños que intimidan necesitan asesoría psicológica. La asesoría puede ayudarles a comprender por qué actúan de esa forma. Y también puede enseñarles a interactuar con otros de maneras más positivas. La asesoría familiar es especialmente útil para estos niños.

¿Cómo se comportan los niños que son intimidados?

Los niños que son intimidados a menudo son callados y tímidos. Es posible que tengan pocos amigos y que les resulte difícil defenderse. Podrían comenzar a pensar que se merecen el maltrato.

¿Qué pueden hacer los niños si son intimidados?

A menudo, los niños intimidados están asustados y enfadados. Es posible que no sepan qué hacer. Enséñeles a:

  • Contestar. Que digan "Déjame en paz" o "No te tengo miedo". Pida a su hijo que practique decir estas cosas en una voz tranquila y fuerte.
  • Alejarse de la situación caminando. Que no corran, incluso si tienen miedo.
  • Contarle a un adulto. Entonces, un padre/madre o maestro pueden tomar medidas para detener la intimidación.

¿Qué puede hacer usted para detener la intimidación?

La intimidación se puede detener si las personas prestan atención y adoptan medidas.

Con mucha frecuencia, la intimidación sucede en la escuela y es más común en escuelas en las que no se supervisa bien a los alumnos. Si hay casos de intimidación en la escuela de su hijo, hable con el director o con el vicedirector. Inste a la escuela a adoptar una política contra la intimidación. Todos los niños deberían saber que se disciplinará a aquellos que intimiden a otros. Los niños que son intimidados deberían recibir apoyo y protección.

Como padre o madre, usted puede ayudar a su hijo a participar en nuevos pasatiempos o grupos, como los clubes de la escuela o grupos pastorales juveniles. Formar parte de un grupo puede ayudar a reducir la intimidación. Tener amigos puede ayudar a un niño a tener una mejor imagen de sí mismo.

Los niños pueden ayudar a evitar que se intimide a otros niños. Si eres un niño, no te permitas ser parte del problema.

  • Si ves que se meten con otra persona, di algo. Puede ayudar decir algo como "Basta. Eso no es gracioso". Si es demasiado difícil o atemorizante, aléjate de la situación y dile a un adulto.
  • Si alguien te envía un mensaje de correo electrónico malicioso acerca de otra persona, no lo reenvíes a otros. Imprímelo y muéstraselo a un adulto.

Características de los niños que intimidan

Los niños que intimidan:1

  • Podrían ser testigos de violencia o agresión de tipo físico o verbal en el hogar. Tienen una visión positiva de esta conducta y se comportan de manera agresiva para con otras personas, incluidos los adultos.
  • Podrían golpear o empujar a otros niños.
  • A menudo son fuertes físicamente.
  • Podrían ser populares con otros niños que rondan su edad o no.
  • Tienen problemas para seguir las reglas.
  • Muestran poca preocupación por los sentimientos de otras personas.

Muchos niños que intimidan tienen una opinión muy positiva de sí mismos. Les gusta ser admirados. Y a menudo esperan que todas las personas actúen como ellos desean. A menudo, a los niños que intimidan no se les enseña a pensar acerca de cómo sus acciones afectan los sentimientos de otras personas.

Los niños que intimidan corren el riesgo de fracasar en la escuela y abandonarla, y de involucrarse en actos delictivos y peleas en el futuro.1, 2 Estos niños también tienen más probabilidades de consumir drogas que los niños que no intimidan.3

Algunos niños intimidan a otros y también son intimidados. Es posible que hayan sido intimidados y que luego ataquen a otras personas. Los niños que intimidan y que también son víctimas consumen alcohol o portan armas con mayor frecuencia que los niños que no son afectados por la intimidación.3

La conducta intimidatoria es una señal de advertencia de que un niño no ha aprendido a controlar su agresión. Un niño que intimida necesita asesoría psicológica para aprender a interactuar con otras personas de manera saludable. La asesoría psicológica profesional puede guiar a un niño en el proceso de descubrir por qué la intimidación es hiriente. Mediante este proceso, un consejero puede alentar a un niño a desarrollar empatía, que significa ser sensible a los sentimientos de otras personas y comprenderlos. En algunos casos, la asesoría psicológica de seguimiento podría involucrar al padre/madre. Se ha demostrado que la asesoría familiar ayuda a reducir la ira y mejora las relaciones interpersonales en los varones que intimidan.4

Características de los niños que son intimidados

Los niños que son intimidados tienden a ser:3, 5

  • Sensibles.
  • Socialmente retraídos. Es posible que tengan poca autoestima o que tengan un temperamento callado.
  • Ansiosos.
  • Pasivos. A menudo dejan que otras personas tomen el control y no se defienden.
  • Más propensos a deprimirse.

Los niños que son intimidados no tienen la culpa de los ataques de los que son objeto. Asegúrese de que su hijo comprenda eso.

Los varones tienen más probabilidades que las niñas de ser intimidados de manera tanto física como psicológica.6

En algunos casos, un niño que es intimidado a veces termina intimidando a otros. Estos niños a menudo responden a la intimidación con sentimientos de ansiedad y agresión. Al no saber cómo manejar estos sentimientos, agreden a otros niños que ellos piensan que no se defenderán.

En situaciones extremas, los niños que son intimidados podrían cometer suicidio o atacar de manera violenta a las personas que los intimidaron. Preste atención a las señales de advertencia del suicidio en su hijo, como retraimiento de la familia y de amigos.

Es posible que los niños que se sienten avergonzados de ser intimidados no quieran contarles a sus padres ni a otros adultos acerca de este problema. Busque señales de intimidación, como dificultades relacionadas con el sueño, moretones de origen desconocido, llanto frecuente e inventar excusas para no ir a la escuela. Los niños de la escuela primaria que son intimidados suelen decir que tienen dolor de garganta o un resfriado, que les duele el estómago o que no tienen ganas de comer.

Cómo los niños pueden desalentar la intimidación

Los niños pueden ayudar a evitar la intimidación si:

  • Intentan mantenerse alejados de los niños a los que parecen no agradarles.
  • Juegan o pasan el recreo cerca de adultos mientras están en la escuela.
  • Van caminando a la escuela con hermanos y hermanas mayores o con amigos.
  • Se sientan cerca del chofer del autobús.

Es menos probable que se produzca intimidación cuando los niños están en grupos y están en lugares supervisados por adultos. Pero estas estrategias solo funcionan cuando las escuelas han implementado políticas firmes contra la intimidación. Es necesario que el personal reciba capacitación y apoyo en forma sistemática sobre cómo hacer cumplir dichas políticas.

Los niños que intimidan buscan blancos fáciles. Los intimidadores tienen menos probabilidades de meterse con quienes:

  • Pueden responder con rapidez a las amenazas y demostrar que están seguros de sí mismos. Ayude a su hijo a practicar qué decir si lo intimidan.
  • Actúan con confianza y no parecen asustarse con facilidad. Ayude a su hijo a usar lenguaje corporal fuerte, como pararse bien erguidos, mirar a otros niños a los ojos y hablar con firmeza.

La intimidación se refuerza cuando se la ignora o se la acepta en silencio. Aliente a los niños a defenderse mutuamente. Ayude a su hijo a pensar en maneras de ayudar a alguien que está siendo intimidado. Por ejemplo, usted podría sugerir que un niño diga: "¿Por qué te metes con él? Si crees que eso te hace quedar bien, te equivocas". Otras formas sencillas incluyen negarse a observar la intimidación o a participar en ella. A veces, distraer a un intimidador, empezando una conversación, por ejemplo, puede prevenir una confrontación.

Es posible que a veces sea mucho pedir que defiendan a otra persona. Ayude a su hijo a comprender que, cuando menos, debe contarle a un adulto.

Qué deben hacer los niños si los intimidan

Es normal que los niños se asusten o se enfaden cuando otros niños los intimidan. Pero ellos pueden desalentar ataques mostrando confianza y no reaccionando en forma exagerada.

Los niños no deben luchar con un niño que intimida ni insultarlo en forma oral ni por escrito. Esto podría provocar más agresión y, posiblemente, lesiones graves. Haga que su hijo pida ayuda o encuentre a un adulto o compañero de inmediato si siente que está en peligro.

Intimidación cara a cara y ciberintimidación

Los niños que son intimidados en línea o mediante mensajes de texto no deben responder. Lo mejor es que le muestren el mensaje a un adulto y que bloqueen a la persona que lo envió para no recibir más mensajes. Recuérdeles que solo acepten mensajes de personas que conocen.

Dé a su hijo estos consejos para manejar la intimidación cara a cara:

  • Habla con el niño que intimida si parece seguro. Míralo a los ojos y di con fuerza pero con calma "Déjame en paz" o "No te tengo miedo".
  • Aléjate caminando del niño o los niños que intimidan. Los niños que están siendo intimidados no deben correr (aunque es posible que quieran hacerlo). Eso podría fortalecer la sensación de poder en el niño que intimida.
  • Dile a un adulto acerca de lo sucedido. Podría ayudar que los niños identifiquen a un adulto en la escuela a quien contarle si sucede un incidente. Los niños que ven cómo hacen daño a otro niño también deben buscar ayuda de un adulto de inmediato.

Es posible que a los niños les preocupe hacer que otros niños se enfaden cuando los delatan. Pero exponer el maltrato es la única manera de poner fin al problema. Un niño puede pedir permanecer anónimo cuando informa un incidente.

Si excluyen a su hijo

La intimidación sucede cuando los niños dejan afuera o excluyen a otros. Estas acciones pueden ser sutiles. Pero pueden ser muy hirientes para el niño que recibe el maltrato. Este tipo de intimidación se llama intimidación emocional o social y puede aislar mucho a la persona. También es difícil de manejar debido a que el dolor que causa no es físico y puede ser difícil explicárselo a un adulto.

Las niñas que intimidan tienden a hacerlo de manera social y emocional. Y los varones que intimidan tienden a hacerlo de manera tanto física como emocional. Tanto los varones como las niñas pueden ser objeto de intimidación emocional. Cuchichear y hablar mal de alguien a sus espaldas son técnicas comunes usadas por las niñas que intimidan de esta manera.

Aunque no existe una solución fácil ni absolutamente segura, es posible que probar alguna de las siguientes estrategias ayude.

  • Reconozca la conducta. Tratar de ignorarla no hará que desaparezca. Ayude a su hijo a aceptar que hay un problema y a saber que usted le ayudará a atravesar esta etapa difícil. Ayude a su hijo a comprender que no tiene la culpa.
  • Haga juegos de roles. Practique, practique y practique las maneras de responder a comentarios o acciones hirientes hasta que se vuelvan naturales. Ayude a su hijo a pensar en diferentes circunstancias y en cómo responder en cada una de ellas. Diviértase con eso: invente situaciones absurdas o extravagantes. Practique también usar el humor como manera de ser firme. A veces, decir cosas como: "¡Por favor! ¡Has estado mirando demasiada televisión!" o simplemente "¡No necesito eso!" y alejarse caminando puede detener la intimidación. Pensar en forma creativa de esta manera puede ayudar a su hijo a aliviar la tensión y a obtener cierta sensación de control.
  • Aliente a su hijo a perseguir sus intereses en un entorno diferente. Asegúrele a su hijo que conocerá amigos que lo valorarán. Ayude a su hijo a buscar áreas de la vida en las que se sienta aceptado, agradable y normal. Y ayude a su hijo a encontrar oportunidades de desarrollar amistades bien equilibradas.
  • Hable con los directivos de la escuela. Si la intimidación sucede en determinadas situaciones sociales o actividades escolares, a veces es simplemente mejor retirar a su hijo de la situación. "Aguantar" no siempre es lo más conveniente para un niño. A menudo, por miedo a decepcionar a sus padres, los niños no quieren decirles a sus padres que esta es la solución que prefieren. Pregúntele a su hijo si realmente quiere seguir participando en la actividad. Si la intimidación sucede en el entorno escolar general, colabore con maestros y consejeros para ayudar a su hijo a no estar cerca de quienes lo intimidan.
  • Pida que se mantenga alejado de los grupos que intimidan a otros. A veces, se "invita" repentinamente a un niño que fue rechazado antes a entrar en un grupo o regresar a este. Hable acerca de la naturaleza poco constante de este tipo de amistades. Pregúntele a su hijo cómo se sentiría si lo presionaran para que excluya a otra persona. Ayude a su hijo a descubrir las cualidades de las amistades duraderas y verdaderas.
  • Hágale saber a su hijo que siempre estará allí cuando lo necesite. Es posible que usted no pueda idear una respuesta perfecta para el problema. Pero usted puede ayudar diciéndole a su hijo que siempre estará dispuesto a escuchar y a ayudarle a pensar en nuevas maneras de manejar la intimidación.

Cómo pueden ayudar los adultos a detener la intimidación

Al igual que con muchas cuestiones relacionadas con el proceso de crecer, hablar abiertamente acerca de la intimidación antes de que suceda es muy útil para los niños. Enséñele a su hijo cómo reconocer la intimidación y reaccionar ante esta, independientemente de quién sea la víctima. Además, hable acerca de la empatía y dé el ejemplo. Empatía significa ser sensible a los sentimientos de otras personas y comprenderlos. Esto puede ayudar a prevenir que su hijo participe en la intimidación de otros niños.

Los niños en ambos lados de los incidentes de intimidación necesitan ayuda. Los adultos deben reconocer en primer lugar que la intimidación no debe ignorarse. Esto incluye la forma de intimidación que hace que otros se sientan excluidos o rechazados. Ninguna conducta de intimidación debe considerarse parte normal del proceso de crecer.

La intimidación es una conducta abusiva. Si usted es testigo de un caso de intimidación, intervenga y diga algo. Deje en claro que no va a tolerarla. Idealmente, lo primero que debe hacer es formar una alianza con los padres del niño que intimida. Si se enfrenta a ese niño en nombre de su hijo cuando no están sus padres, corre el riesgo de que el niño se ponga a la defensiva. Además, los niños que intimidan a menudo tienen la capacidad de poner a sus padres en contra de usted. No le dé al niño la posibilidad de inventar una versión distinta de la historia real. Y recuerde que es posible que los padres den el ejemplo de las conductas de intimidación del niño.

Si usted cree que su hijo está intimidando a otros niños

A menudo, la conducta agresiva empieza en forma temprana en la vida de un niño. Aunque es normal que los niños pequeños se golpeen, peleen y discutan entre sí, la mayoría aprende a controlar estos impulsos. Usted puede ayudar a su hijo a comprender que sus palabras y sus acciones afectan a otras personas. Usted cumple una función importante en hacer que su hijo tome conciencia de los sentimientos de las otras personas.

Es posible que su hijo esté intimidando a otro niño si:

  • Vuelve al hogar de la escuela con dinero de más o juguetes, ropa o libros "nuevos".
  • Es cruel o malicioso cuando habla acerca de otros niños.
  • Excluye a otros niños de actividades.

Si usted ve cualquiera de estas conductas, adopte medidas. Hable sobre la situación con su hijo tan pronto como sea posible antes de que la conducta se vuelva rutinaria. Haga preguntas para averiguar qué está pasando en la vida de su hijo. Es posible que su hijo esté siendo intimidado y que esté manejándolo agrediendo a otros niños. O es posible que su hijo aún no sepa la importancia de comprender los sentimientos de otras personas (empatía).

Usted puede ayudar a su hijo fijando reglas, supervisando actividades y dando el ejemplo. Controle su ira y muestre sensibilidad y respeto frente a otras personas. Si un niño intimida, no lo castigue con fuerza física (castigo físico), como las nalgadas. El castigo físico no hace más que fortalecer la creencia de que las personas pueden obtener lo que quieren mediante la agresión.

La American Academy of Child and Adolescent Psychiatry (Academia Americana de Psiquiatría para Niños y Adolescentes) recomienda que los padres de los niños que intimidan busquen la ayuda del maestro de su hijo, del director, del consejero escolar, del pediatra o del médico de familia. Estos profesionales pueden ayudar a evaluar la conducta de su hijo y remitirlo a un psiquiatra, un psicólogo o un consejero licenciado para niños y adolescentes que pueden colaborar con su hijo.

Si usted cree que su hijo está siendo intimidado

Muchos niños sienten demasiada vergüenza o tienen miedo de decirle a un adulto acerca de la intimidación. Es posible que piensen que involucrar a un adulto solo hará que el problema sea peor. Ayude a preparar a los niños enseñándoles habilidades para la socialización, dando el ejemplo de conductas amistosas y diciéndoles que siempre estará allí cuando lo necesite. Mencione que si algo les molesta, también pueden hablar con el consejero escolar.

Familiarícese con las señales de intimidación, como dolores de cabeza o estomacales frecuentes o no querer ir a la escuela. Además, hágale preguntas a su hijo, como con quién come a la hora del almuerzo o con quién juega durante el recreo. Si intuye que algo está mal, confíe en sus instintos.

Existen muchas maneras en las que puede ayudar a su hijo a manejar la intimidación.

  • Hable acerca de la situación. Aunque a menudo se muestran renuentes al principio, muchos niños que son intimidados hablan con confianza en el entorno adecuado. Un buen lugar para iniciar estas conversaciones es en el automóvil o en otro lugar en el que se tiene poco contacto visual. Escuche con calma y con atención. No prometa que no le contará a nadie. En su lugar, admita que es posible que deba involucrarse pero que hará el máximo esfuerzo para no hacer que los problemas empeoren.
  • Practique juegos de roles en el hogar. Aliente a su hijo a reaccionar con calma y confianza ante la provocación. Ayude a su hijo a comprender que responder con agresión física o con insultos por lo general hace que los problemas empeoren. Por ejemplo, pida a su hijo que practique decir "Déjame en paz" y que se aleje caminando.
  • Enséñele a su hijo conductas que demuestran confianza en lugar de timidez y vulnerabilidad. Los niños pueden aprender a mirar a las personas a los ojos y a hablar en voz alta. Asegúrele a su hijo que la conducta que demuestra confianza puede aprenderse. Ayude a desarrollar la autoestima de su hijo sugiriendo que conozca a otros niños mediante distintas actividades. Tener amigos e intereses puede aumentar la confianza de un niño y reducir las probabilidades de que lo intimiden.
  • Aliente a su hijo a pensar acerca de las cualidades que tiene un buen amigo.
  • Sugiera que su hijo participe en actividades que estén supervisadas por un adulto. Es menos probable que haya intimidación cuando hay adultos.

El papel de las escuelas en la intimidación

Las escuelas cumplen un papel fundamental para detener la intimidación, debido a que la mayor parte de la agresión sucede dentro de la escuela durante el recreo, en los comedores o en los baños. Las escuelas deben tener programas de tolerancia cero que dejan en claro que no se tolera la intimidación y deben hacerlos cumplir.

Los programas en la escuela pueden ayudar a reducir la intimidación cuando:

  • Aumentan la concientización sobre la intimidación mediante asambleas escolares y debates del problema en las aulas. Estas conversaciones deben incluir la enseñanza de maneras saludables de controlar la ira. También deben enseñar el valor de la cooperación, las habilidades positivas de comunicación y la amistad.
  • Hacen que los compañeros ayuden a arreglar un incidente y hablen al respecto con todos los estudiantes involucrados.
  • Aumentan la participación de los padres y los maestros.
  • Aumentan la supervisión de los niños en la escuela, especialmente cuando están fuera del aula.
  • Forman reglas claras acerca de la conducta que no se tolerará.
  • Ofrecen apoyo y protección para los niños que son intimidados.

Usted puede ayudar a la escuela de su hijo a diseñar políticas sobre la intimidación participando en las organizaciones o asociaciones de padres y maestros (PTO o PTA, por sus siglas en inglés) y ofreciéndose a ayudar a los maestros.

En el aula, los maestros deben dejar en claro que no se tolera la intimidación. Los maestros deben estar preparados para cumplir con lo dicho si sucede un caso de intimidación. Hacerlo envía el mensaje de que los adultos se toman el problema en serio. También aliente a los niños que no participan en la intimidación a informar cualquier incidente que vean.

Pueden organizarse reuniones —juntos o por separado— con los padres de los dos niños involucrados en los incidentes de intimidación.

Los programas en la escuela son sólo una parte de un plan más grande para ayudar a los niños a comprender la importancia de tratarse entre sí con amabilidad y respeto.

Otros lugares en los que puede obtener ayuda

Organizaciones

American Psychological Association
Dirección del sitio web: www.apa.org

Stop Bullying Now!
Dirección del sitio web: www.stopbullyingnow.hrsa.gov/index.asp

Referencias

Citas bibliográficas

  1. Lyznicki J, et al. (2004). Childhood bullying: Implications for physicians. American Family Physicians, 70(9): 1723–1728.
  2. Vanderbilt D (2011). Bullying. In M Augustyn et al., eds., The Zuckerman Parker Handbook of Developmental and Behavioral Pediatrics for Primary Care, 3rd ed., pp. 160–163. Philadelphia: Lippincott Williams and Wilkins.
  3. Vanderbilt D, Augustyn M (2011). Bullying and school violence. In RM Kliegman et al., eds., Nelson Textbook of Pediatrics, 19th ed., online chap. 36.1. Philadelphia: Saunders Elsevier. Available online: http://www.expertconsult.com.
  4. Nickel M, et al. (2005). Anger, interpersonal relationships, and health-related quality of life in bullying boys who are treated with outpatient family therapy: A randomized, prospective, controlled trial with 1-year follow-up. Pediatrics, 116(2): 247–254.
  5. Beaty LA, Alexeyev EB (2008). The problem of school bullies: What the research tells us. Adolescence, 43(169): 1–11.
  6. DeVoe JF, Kaffenberger S (2005). Student Reports of Bullying: Results From the 2001 School Crime Supplement to the National Crime Victimization Survey (NCES 2005-310). Washington, DC: U.S. Department of Education, National Center for Education Statistics. Also available online: http://nces.ed.gov/pubsearch/pubsinfo.asp?pubid=2005310.

Otras obras consultadas

  • American Academy of Pediatrics (2008). Bright Futures: Guidelines for Health Supervision of Infants, Children, and Adolescents, 3rd ed. Elk Grove Village, IL: American Academy of Pediatrics.
  • Bauer NS, et al. (2006). Childhood bullying involvement and exposure to intimate partner violence. Pediatrics, 118(2): 235–242.
  • Dinkes R, et al. (2009). Indicator 11: Bullying at school and cyber-bullying anywhere. Indicators of School Crime and Safety: 2009 (NCES 2010-012/NCJ 228478). Washington, DC: U.S. Departments of Education and Justice. Also available online: http://nces.ed.gov/pubsearch/pubsinfo.asp?pubid=2010012.
  • Gini G, Pozzoli T (2009). Association between bullying and psychosomatic problems: A meta-analysis. Pediatrics, 123(3): 1059–1065.
  • Jellinek M, et al. (2002). How to address bullying. In Bright Futures in Practice: Mental Health—Volume II. Tool Kit, pp. 115–116. Arlington, VA: National Center for Education in Maternal and Child Health.
  • Leff S, et al. (2009). Aggression, violence, and delinquency. In WB Carey et al., eds., Developmental-Behavioral Pediatrics, 4th ed., pp. 389–396. Philadelphia: Saunders Elsevier.
  • Vanderbilt D (2011). Bullying. In M Augustyn et al., eds., The Zuckerman Parker Handbook of Developmental and Behavioral Pediatrics for Primary Care, 3rd ed., pp. 160–163. Philadelphia: Lippincott Williams and Wilkins.

Créditos

Por El personal de Healthwise
Susan C. Kim, MD - Pediatría
Frederick P. Rivara, MD, MPH - Pediatría
Última revisión 22 octubre, 2013

Última revisión: 22 octubre, 2013

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