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Rabietas

Generalidades del tema

¿Qué son las rabietas?

Una rabieta es una manifestación repentina y no planificada de enojo y otras emociones. No es simplemente un acto para llamar la atención. Durante una rabieta los niños suelen llorar, gritar y agitar los brazos y las piernas. Por lo general, las rabietas duran de 30 segundos a 2 minutos y son más intensas al comienzo.

A veces, las rabietas duran más y son más intensas. Es posible que el niño pegue, muerda y pellizque. Estas rabietas violentas, en las que los niños se hacen daño a sí mismos o a terceros, podrían ser una señal de un problema más grave.

Las rabietas son más comunes en los niños de 1 a 4 años. Sin embargo, cualquier persona puede tener una rabieta, incluso un adulto.

¿Es normal que los niños tengan rabietas?

Las rabietas son comunes. La mayoría de los niños de 1 a 4 años tienen rabietas. Algunos niños tienen rabietas todos los días.1

¿Por qué tienen rabietas los niños?

Una rabieta es una respuesta normal que tiene un niño pequeño cuando algo le impide obtener independencia o desarrollar una habilidad. Es posible que el niño no tenga aún la capacidad para expresar de otro modo su estado de enojo y frustración. Por ejemplo, es posible que un niño tenga una rabieta si se frustra mientras intenta abotonarse una camisa o cuando le dicen que es hora de irse a dormir y él quiere quedarse levantado.

Algunos niños son más propensos a tener rabietas que otros niños. Los factores que podrían aumentar las probabilidades de que ocurra una rabieta son:

  • El nivel de cansancio del niño.
  • La edad del niño.
  • El nivel de estrés del niño.
  • El hecho de que el niño tenga otros problemas físicos, mentales o emocionales.

La conducta de los padres también importa. Podría ser más probable que un niño tenga rabietas si los padres reaccionan exageradamente ante un mal comportamiento o si ceden ante las demandas del niño.

¿Cómo puede manejar las rabietas?

Ignorar las rabietas y ayudar a un niño a que aprenda a manejar el enojo y la frustración suelen ser buenas maneras de manejar las rabietas. Preste atención a los factores que hacen comenzar las rabietas. Saber qué factores desencadenan las rabietas puede ayudarlo a actuar antes de que las emociones de su hijo superen el punto en que él pueda controlarlas.

Podría convenirle usar la técnica conocida como "tiempo de descanso" si su hijo de 2 años o más tiene muchas rabietas. El "tiempo de descanso" retira al niño de la situación y le da tiempo para que se calme. También enseña al niño que tener una rabieta no es una conducta aceptable. El "tiempo de descanso" funciona mejor para los niños que comprenden por qué se está usando esa técnica.

¿Dejan los niños de tener rabietas a medida que crecen?

La mayoría de los niños dejarán de tener rabietas a medida que crezcan. Con el tiempo, la mayoría de los niños aprenderán maneras saludables de manejar las emociones fuertes que pueden provocar las rabietas.

Los niños que continúan teniendo rabietas después de los 4 años podrían necesitar ayuda para aprender a manejar sus emociones. Si las rabietas continúan o comienzan durante los años escolares, podrían ser una señal de otras cuestiones, como problemas de aprendizaje o dificultades para relacionarse con otros niños.

¿Debería usted ver al médico de su hijo por las rabietas?

Hable con un médico si:

  • Le preocupan las rabietas de su hijo.
  • Su hijo tiene más de 4 años y aún tiene rabietas a menudo.
  • Las rabietas de su hijo se convierten en conductas violentas que hacen daño a su hijo, a terceros o a objetos.
  • Tiene problemas para manejar la conducta de su hijo, especialmente si cree que podría lastimar a su hijo.

Preguntas frecuentes

Aprender acerca de las rabietas:

Recibir un diagnóstico:

Recibir tratamiento:

Cómo vivir con las rabietas:

Síntomas

Por lo general, las rabietas duran de 30 segundos a 2 minutos y son más intensas durante los primeros 30 segundos. Es posible que durante una rabieta, un niño:

  • Llore, chille o grite.
  • Arquee la espalda o ponga tenso el cuerpo.
  • Sacuda los brazos.

Lo más probable es que las rabietas ocurran cuando un niño tiene miedo, está muy cansado o incómodo. Es posible que a veces se presenten espasmos de llanto con las rabietas.

La conducta difícil que suele durar más de 15 minutos, que ocurre más de 3 veces al día o que es más agresiva podría significar que un niño tiene problemas médicos, emocionales o sociales que necesitan atención. Esta no se considera una rabieta típica. Las conductas difíciles podrían incluir:

  • Patear, golpear, morder, rasguñar, tirar del cabello o pellizcar a otras personas.
  • Tirar o romper objetos.
  • Golpearse la cabeza o provocarse lesiones a sí mismo.

Exámenes y pruebas

Hable con su médico si le preocupan las rabietas de su hijo u otra conducta difícil. Un médico puede evaluar la conducta de su hijo en función de lo siguiente:

  • Sus descripciones. Podría ser útil llevar un registro de las rabietas durante algunos días antes de realizar una visita al consultorio.
  • Un examen físico y un historial médico. El médico de su hijo examinará a su hijo y hará preguntas para ayudar a determinar si las rabietas forman parte de los patrones normales de crecimiento y desarrollo o si es posible que otras causas conductuales o médicas sean las responsables.

Para eliminar la posibilidad de que otros problemas conductuales o emocionales sean la causa, el médico también podría pedirle que complete un cuestionario de evaluación de la conducta. A veces, también se les pide a la persona encargada del cuidado del niño o a la maestra de la escuela que completen un formulario similar. Es posible que se les pida a los preadolescentes y a los adolescentes que completen un cuestionario sobre la percepción de sus propias conductas. El médico puede usar los cuestionarios completados para determinar si el niño necesita ayuda profesional y si usted necesita ayuda para manejar la conducta del niño.

Si un médico sospecha que las rabietas de su hijo son un signo de otro trastorno, es posible que pida la realización de pruebas para detectar otras enfermedades o afecciones, como convulsiones, problemas de aprendizaje o el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (ADHD, por sus siglas en inglés).

Generalidades del tratamiento

La mayoría de los niños aprenden otras maneras de manejar su enojo y otras emociones fuertes a medida que crecen y no necesitan tratamiento médico para las rabietas. La mayoría de las veces, ignorar la conducta de la rabieta y ayudar a un niño pequeño a aprender a manejar sus sentimientos es lo único que se necesita.

Los talleres de crianza pueden ser útiles para los padres de un niño que tiene rabietas. A menudo, estos tipos de programas ayudan a los padres a familiarizarse con las etapas de crecimiento y desarrollo, y proporcionan estrategias sobre cómo manejar la conducta difícil.

Es posible que se recomiende un tratamiento médico para las rabietas en el caso de los niños que:

  • Tienen rabietas duraderas y frecuentes.
  • Tienen rabietas en forma regular después de los 4 años de edad.
  • Se lastiman a sí mismos o se vuelven violentos.

Hable con un médico si:

  • Le preocupan las rabietas de su hijo.
  • Las rabietas de su hijo suelen durar más de 15 minutos o suceden más de 3 veces al día.
  • La conducta de su hijo no mejora después de los 4 años de edad.
  • Su hijo se hace daño a sí mismo, a terceros o a objetos durante una rabieta.
  • Usted tiene problemas para manejar la conducta de su hijo, especialmente si está preocupado porque podría lastimarlo.
  • Desea ayuda para aprender a sobrellevar sus sentimientos durante las rabietas de su hijo.

Tratamiento en el hogar

Es normal que su hijo de 1 o 2 años tenga rabietas. En este grupo de edad, las rabietas son una parte normal de la obtención de independencia y dominio. Si su hijo pequeño tiene rabietas, pruebe lo siguiente:

  • Ignore la conducta. A veces, ignorar la rabieta da mejor resultado, especialmente porque, por lo general, las rabietas duran menos de 2 minutos y, generalmente, los intentos para detener una rabieta empeoran la situación. Cuando deja de responder a las rabietas de su hijo, la conducta podría empeorar durante algunos días antes de detenerse. Es posible que ignorar algunas rabietas (por ejemplo, cuando un niño tiene una rabieta porque no quiere irse a dormir o cuando está pateando, mordiendo y pellizcando) no sea posible.
  • Elogie a su hijo por calmarse. Después de una rabieta, consuele a su hijo sin ceder a sus demandas. Dígale a su hijo que estaba fuera de control y que necesitaba tiempo para calmarse. Nunca se burle de un niño ni lo castigue por tener una rabieta. No use palabras como "nena mala" o "nene malo" para describir a su hijo durante una rabieta.
  • Reconozca el sentimiento. Después de que su hijo se calme, reconozca su sentimiento de frustración y enojo. Podría decir: "Sé que estabas frustrado porque no pudiste atarte los cordones (agujetas)".
  • Enséñele otras maneras de manejar el enojo y la frustración. Enseñar a un niño diferentes maneras de manejar las emociones negativas podría reducir la cantidad de rabietas que tiene el niño o evitar que empeoren. Ofrezca sugerencias sencillas para ayudar a que el niño aprenda a autocontrolarse. Por ejemplo, aliente a su hijo a que use palabras para expresar sentimientos o elija un lugar seguro y cómodo en el hogar donde su hijo pueda dirigirse para calmarse. Preste atención a los momentos en que su hijo actúa de una manera positiva y agradézcale a su hijo por sus acciones.
  • Aliente el hábito de tomar un descanso cuando se está realizando una actividad frustrante o hágale realizar al niño una tarea que ya domine.
  • Dé un buen ejemplo. Los niños a menudo aprenden observando a sus padres. Dé un buen ejemplo manejando sus propias frustraciones con calma.

Durante una rabieta, puede ayudar a su hijo:

  • Permaneciendo calmo.
  • Quedándose en un lugar donde el niño pueda verlo, especialmente si el niño es muy pequeño.
  • Enviando al niño a su habitación hasta que se calme, si el niño es lo suficientemente grande como para comprender por qué se hace esto.
  • Quitando cualquier objeto o mueble peligrosos del alcance del niño. Si hay demasiados objetos con los que el niño podría lastimarse, es posible que deba llevar al niño a un lugar seguro. A veces, es posible que deba detener físicamente a un niño más pequeño para evitar una lesión.
  • Siendo firme y coherente con lo que espera. No ceda a las demandas del niño.
  • No intentando razonar con el niño durante una rabieta. Hable con calma con el niño si esto da resultado en su caso. Sin embargo, no le dé un sermón, no lo amenace ni discuta con el niño.

No se alarme si el niño contiene la respiración. Los niños suelen contener la respiración durante una rabieta. Respirarán nuevamente en forma automática, incluso si se desmayan. Para obtener más información, vea el tema Espasmos de llanto.

Existen ciertas medidas que puede tomar para ayudar a prevenir algunas rabietas. Es posible que pueda:

  • Distraer a su hijo de la frustración o retirar al niño de una situación que probablemente desencadene una rabieta. Por ejemplo, si a su hijo no le gusta irse a dormir, alrededor de 20 minutos antes de acostarse hable acerca de una actividad divertida que sucederá el día siguiente. Reduzca la necesidad de decir "no" a su hijo adaptando su casa a prueba de niños. Se deberán aplicar menos reglas si se mantienen fuera del alcance o de la vista de un niño artículos peligrosos o que puedan romperse.
  • Reducir la frecuencia con la que suceden las rabietas brindándole a su hijo elecciones sencillas y escuchando sus preocupaciones. También puede ayudar proporcionar un cronograma regular y predecible para su hijo. Esto es especialmente cierto durante las épocas en las que usted espera que su hijo podría estar más propenso a tener rabietas, por ejemplo, cuando se empieza una nueva rutina de cuidado del niño. Establecer horarios regulares para comer y dormir para ayudar a que su hijo tenga un buen estado de ánimo.

En general, los padres que saben qué esperar de sus hijos en las diferentes edades pueden ayudar mejor a sus hijos a que crezcan y se desarrollen de una manera saludable. Hable con su médico acerca de cómo ayudar a su hijo a que desarrolle un sentido de independencia, estimule la confianza en sí mismo y maneje la frustración y el enojo.

Si su hijo se hace daño a sí mismo o daña a terceros durante las rabietas, hable con su médico acerca de las maneras de detener estas conductas. Su médico podría sugerir que se evalúe a su hijo para ver si tiene algún problema de conducta.

Usar la técnica conocida como "tiempo de descanso"

Si su hijo continúa teniendo rabietas, podría convenirle usar la técnica conocida como "tiempo de descanso". El "tiempo de descanso" funciona mejor para los niños que comprenden por qué se está usando esa técnica. El "tiempo de descanso" retira al niño de la situación, le permite calmarse y enseña al niño que tener una rabieta no es una conducta aceptable.

Si necesita usar un "tiempo de descanso", también será importante que usted se haga un tiempo para estar con su hijo (tiempo de juego). El tiempo de juego podría ayudar a reducir la frustración de su hijo y podría ocasionar menos rabietas. El tiempo de juego implica tener un contacto frecuente y breve con su hijo cuando este se comporta como se espera. Por ejemplo, puede darle una palmadita en la cabeza a su hijo cuando juega tranquilo. Este contacto físico le muestra al niño que usted aprueba su conducta. O puede hacer un comentario como: "Me gusta cuando te sientas tranquilo y miras tus libros mientras hablo por teléfono".

Otros lugares en los que puede obtener ayuda

Organización

HealthyChildren.org
Dirección del sitio web: www.healthychildren.org

Referencias

Citas bibliográficas

  1. Stein MT (2011). Difficult behavior. In CD Rudolph et al., eds., Rudolph’s Pediatrics, 22nd ed., pp. 335–338. New York: McGraw-Hill.

Otras obras consultadas

  • Albrecht SJ, et al. (2003). Common behavioral dilemmas of the school-aged child. Pediatric Clinics of North America, 50: 841–857.
  • American Academy of Pediatrics (2009). Behavior. In SP Shelov, RE Hannemann, eds., Caring For Your Baby and Young Child: Birth to Age 5, 4th ed., chap. 18, pp. 565–586. New York: Bantam.
  • Goldson E, Reynolds A (2011). Child development and behavior. In WW Hay Jr et al., eds., Current Diagnosis and Treatment: Pediatrics, 20th ed., pp. 64–103 New York: McGraw-Hill.
  • Walter HJ, DeMaso DR (2011). Disruptive behavior disorders. In RM Kliegman et al., eds., Nelson Textbook of Pediatrics, 19th ed., pp. 96–100. Philadelphia: Saunders.

Créditos

Por El personal de Healthwise
Susan C. Kim, MD - Pediatría
Thomas Emmett Francoeur, MD, MDCM, CSPQ, FRCPC - Pediatría
Última revisión 20 marzo, 2012

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